Día Mundial de las Abejas
La propuesta de la República de Eslovenia, apoyada por la Federación Internacional de Asociaciones de Apicultores (Apimondia) y la FAO, para celebrar cada año el Día Mundial de las Abejas el 20 de mayo, fue aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2017
Las abejas y otros polinizadores, como las mariposas, los murciélagos y los colibríes, se ven cada vez más amenazados por las actividades del ser humano.
La polinización es un proceso fundamental para la supervivencia de los ecosistemas, esencial para la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres. Los polinizadores no solo contribuyen directamente a la seguridad alimentaria, sino que además son indispensables para conservar la biodiversidad, piedra angular en el cumplimiento de los Objetvos de Desarrollo Sostenible (ODS). Asimismo, sirven para alertarnos sobre los nuevos riesgos ambientales, indicando la salud de los ecosistemas locales.
La polinización hace referencia al desplazamiento o trasiego del polen desde una flor que lo produce, a otra flor de su misma especie, en principio, que lo recibe. Este fenómeno tan sencillo a primera vista, trae asociado unas consecuencias inmediatas y de gran trascendencia, como son la formación del fruto, de una importancia vital en la agricultura, y la formación de la semilla, que le servirá al vegetal para perpetuar su especie y multiplicarse.
En cada ocasión en que una abeja recoge néctar de una flor o bien néctar y polen y se desplaza a otra para hacer lo mismo, realiza uno de los actos más importantes y beneficiosos para las plantas, la polinización. Entre la infinidad de insectos que participan en la polinización, la abeja melífera (Apis mellífera) es con mucho la más eficaz. Si hace varios años de cada cien insectos visitadores, las abejas constituían el 70-80%, hoy día, debido al progresivo retroceso de especies polinizadoras salvajes a causa de las condiciones ambientales, el porcentaje alcanza el 90-95% de todas las visitas de insectos. Por lo tanto, se puede considerar a la abeja como una profesional de la polinización.
La desaparición y exterminación de las abejas va en aumento. El avance de la industrialización o el uso de tóxicos son solo algunas de las razones por las cuales contamos con menos de estos insectos en el planeta cada día.
Según estadísticas de Greenpeace, en Estados Unidos, las desapariciones de abejas llegó a 42% entre abril de 2014 y abril de 2015.
Entre los factores que amenazan a los polinizadores están:
La pérdida y deterioro de hábitats.
Las prácticas de la agricultura industrializada, como los monocultivos (menor disponibilidad y diversidad de alimento para estos insectos) y el uso de plaguicidas.
Parásitos y enfermedades.
Especies vegetales y animales invasoras.
Los impactos del cambio climático.
Se ha calculado que el valor económico de la labor de polinización de las abejas y otros polinizadores para la agricultura es de unos 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo, 22.000 millones para Europa y más de 2.400 millones de euros para España, recientemente calculado por Greenpeace en su informe “Alimentos bajo amenaza”. Así pues, incluso desde un punto de vista puramente económico, merece la pena proteger a las abejas.
¿Cómo protegerlas? Greenpeace nos da unas claves:
A corto plazo, el primer paso es prohibir los productos tóxicos para las abejas actualmente en uso, y hacer que la evaluación de riesgos de los plaguicidas sea mucho más estricta. Por otro lado, deben ponerse en marcha planes integrales de acción para salvar a las abejas. Y la solución definitiva es la adopción de la agricultura ecológica como única vía para una producción de alimentos respetuosa con todos los habitantes del planeta.
La agricultura ecológica garantiza una producción sana y sostenible, ya que protege el suelo, el agua y el clima, promueve la biodiversidad, no contamina el medioambiente con agroquímicos ni transgénicos y respeta la salud de las personas.
Este cambio lo puede iniciar la clase política, apostando por un modelo de agricultura ecológica y legislando en consonancia; los agricultores y agricultoras, cambiando sus prácticas de cultivo; y las empresas, desarrollando líneas de productos y técnicas ecológicas. Y, por supuesto, también personas como tú, demandando y consumiendo productos ecológicos y locales.
La apicultura se regula en nuestro país por normas de ámbito estatal pero también las Comunidades Autónomas tienen competencia en esta materia y la normativa en cada Comunidad varía, aunque las pautas para dar de alta una explotación apícola son muy parecidas en todas ellas.
Lo que nos llama mucho la atención en Planeta Colleja, es que a nivel local, en las ordenanzas municipales de muchos pueblos y ciudades esté prohibida la tenencia de colmenas, aunque sean a nivel auto-consumo y sean pequeñas colmenas artificiales.. En París, Londres o Brooklyn está permitido: Los huertos urbanos ecológicos son un enclave perfecto para ubicar una colmena artificial, tanto por respresentar un entorno natural libre de pesticidas como por la labor polinizadora que realizan, necesaria para el éxito de los cultivos y la polinización de los árboles en las ciudades. El entorno urbano puede ser más amigable para las abejas, simplemente porque los pesticidas, el que parece ser su principal enemigo, se mantiene alejado. Paradójicamente, el campo es más agresivo para ellas a consecuencia de la colonización llevada a cabo por la agricultura intensiva, basada en el uso de productos químicos a tutiplén.
La producción de miel en las ciudades es beneficiosa para el entorno urbano porque, proporciona un entorno más verde. Su polinización lo promueve y, al mismo tiempo, si la ciudad le corresponde creando o adaptando espacios verdes en los que puedan ser felices las abejas, entonces se crea una sinergia positiva para ambas partes: ciudades más verdes y más saludables, y abejitas contentas y sanas.
Las abejas y otros polinizadores, como las mariposas, los murciélagos y los colibríes, se ven cada vez más amenazados por las actividades del ser humano.
La polinización es un proceso fundamental para la supervivencia de los ecosistemas, esencial para la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres. Los polinizadores no solo contribuyen directamente a la seguridad alimentaria, sino que además son indispensables para conservar la biodiversidad, piedra angular en el cumplimiento de los Objetvos de Desarrollo Sostenible (ODS). Asimismo, sirven para alertarnos sobre los nuevos riesgos ambientales, indicando la salud de los ecosistemas locales.
La polinización hace referencia al desplazamiento o trasiego del polen desde una flor que lo produce, a otra flor de su misma especie, en principio, que lo recibe. Este fenómeno tan sencillo a primera vista, trae asociado unas consecuencias inmediatas y de gran trascendencia, como son la formación del fruto, de una importancia vital en la agricultura, y la formación de la semilla, que le servirá al vegetal para perpetuar su especie y multiplicarse.
En cada ocasión en que una abeja recoge néctar de una flor o bien néctar y polen y se desplaza a otra para hacer lo mismo, realiza uno de los actos más importantes y beneficiosos para las plantas, la polinización. Entre la infinidad de insectos que participan en la polinización, la abeja melífera (Apis mellífera) es con mucho la más eficaz. Si hace varios años de cada cien insectos visitadores, las abejas constituían el 70-80%, hoy día, debido al progresivo retroceso de especies polinizadoras salvajes a causa de las condiciones ambientales, el porcentaje alcanza el 90-95% de todas las visitas de insectos. Por lo tanto, se puede considerar a la abeja como una profesional de la polinización.
Celebrar el Día Mundial de las Abejas cada 20 de mayo contribuirá a atraer la atención sobre el papel esencial que desempeñan las abejas y otros polinizadores para mantener sanas a las personas y al planeta. Es una oportunidad para que gobiernos, organizaciones, la sociedad civil y los ciudadanos interesados en cualquier lugar promuevan acciones que protejan y ayuden a los polinizadores y sus hábitats, incrementen su abundancia y diversidad, y apoyen el desarrollo sostenible de la apicultura.
La fecha para esta celebración se eligió porque en ese día nació Anton Janša, un pionero de la apicultura moderna. Pertenecía a una familia de apicultores en Eslovenia, donde la apicultura es una importante actividad agrícola con una larga tradición.
En España, los cultivos sometidos a polinización por abejas son principalmente los árboles frutales (almendro, melocotonero, cerezo, ciruelo, manzano, peral), las leguminosas forrajeras (alfalfa, trébol), las cucurbitáceas (melones, pepinos, calabazas, calabacines, berenjenas) y otros cultivos hortícolas (fresas, frambuesa, espárragos, zarzamora, tomate), las plantas para la extracción de aceite (girasol, colza), las fibras textiles (lino, algodón), entre muchas otras, constituyen una lista parcial de vegetales que dependen necesariamente o al menos se ven favorecidos por la acción polinizadora de las abejas. De hecho, resultaría más sencillo citar solo los vegetales que no se ven beneficiados por la acción de las abejas.
La fecha para esta celebración se eligió porque en ese día nació Anton Janša, un pionero de la apicultura moderna. Pertenecía a una familia de apicultores en Eslovenia, donde la apicultura es una importante actividad agrícola con una larga tradición.
En España, los cultivos sometidos a polinización por abejas son principalmente los árboles frutales (almendro, melocotonero, cerezo, ciruelo, manzano, peral), las leguminosas forrajeras (alfalfa, trébol), las cucurbitáceas (melones, pepinos, calabazas, calabacines, berenjenas) y otros cultivos hortícolas (fresas, frambuesa, espárragos, zarzamora, tomate), las plantas para la extracción de aceite (girasol, colza), las fibras textiles (lino, algodón), entre muchas otras, constituyen una lista parcial de vegetales que dependen necesariamente o al menos se ven favorecidos por la acción polinizadora de las abejas. De hecho, resultaría más sencillo citar solo los vegetales que no se ven beneficiados por la acción de las abejas.
Según estadísticas de Greenpeace, en Estados Unidos, las desapariciones de abejas llegó a 42% entre abril de 2014 y abril de 2015.
Entre los factores que amenazan a los polinizadores están:
La pérdida y deterioro de hábitats.
Las prácticas de la agricultura industrializada, como los monocultivos (menor disponibilidad y diversidad de alimento para estos insectos) y el uso de plaguicidas.
Parásitos y enfermedades.
Especies vegetales y animales invasoras.
Los impactos del cambio climático.
¿Cómo protegerlas? Greenpeace nos da unas claves:
A corto plazo, el primer paso es prohibir los productos tóxicos para las abejas actualmente en uso, y hacer que la evaluación de riesgos de los plaguicidas sea mucho más estricta. Por otro lado, deben ponerse en marcha planes integrales de acción para salvar a las abejas. Y la solución definitiva es la adopción de la agricultura ecológica como única vía para una producción de alimentos respetuosa con todos los habitantes del planeta.
La agricultura ecológica garantiza una producción sana y sostenible, ya que protege el suelo, el agua y el clima, promueve la biodiversidad, no contamina el medioambiente con agroquímicos ni transgénicos y respeta la salud de las personas.
Este cambio lo puede iniciar la clase política, apostando por un modelo de agricultura ecológica y legislando en consonancia; los agricultores y agricultoras, cambiando sus prácticas de cultivo; y las empresas, desarrollando líneas de productos y técnicas ecológicas. Y, por supuesto, también personas como tú, demandando y consumiendo productos ecológicos y locales.
Lo que nos llama mucho la atención en Planeta Colleja, es que a nivel local, en las ordenanzas municipales de muchos pueblos y ciudades esté prohibida la tenencia de colmenas, aunque sean a nivel auto-consumo y sean pequeñas colmenas artificiales.. En París, Londres o Brooklyn está permitido: Los huertos urbanos ecológicos son un enclave perfecto para ubicar una colmena artificial, tanto por respresentar un entorno natural libre de pesticidas como por la labor polinizadora que realizan, necesaria para el éxito de los cultivos y la polinización de los árboles en las ciudades. El entorno urbano puede ser más amigable para las abejas, simplemente porque los pesticidas, el que parece ser su principal enemigo, se mantiene alejado. Paradójicamente, el campo es más agresivo para ellas a consecuencia de la colonización llevada a cabo por la agricultura intensiva, basada en el uso de productos químicos a tutiplén.
La producción de miel en las ciudades es beneficiosa para el entorno urbano porque, proporciona un entorno más verde. Su polinización lo promueve y, al mismo tiempo, si la ciudad le corresponde creando o adaptando espacios verdes en los que puedan ser felices las abejas, entonces se crea una sinergia positiva para ambas partes: ciudades más verdes y más saludables, y abejitas contentas y sanas.
Según palabras de A. Einstein, la vida sin estos insectos sería un desastre global. “Al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida. Sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”. Así de inquietante resulta que poco a poco las abejasvayan desapareciendo de muchos lugares del planeta.
Así que, nuestra colleja de honor, la buena, va hoy para nuestras amigas las abejas, trabajadoras incansables que contribuyen a nuestro bienestar y al del Paneta. Gracias, abejitas!
También se la damos a l@s apicultor@s y a las personas y entidades que ayudan y luchan para que la Tierra sea un sitio mejor.
Y si nos pusieramos a repartir collejas de las malas, en este post no daríamos a basto!!!
Lo dejaremos para otro...



Comentarios
Publicar un comentario